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Estudiar en el extranjero: Una experiencia transformadora

14 jul
3 min de lectura

Actualizado: 1 oct

Rascacielos iluminados durante una noche en Moscú.
Noche en Moscú

Estoy saliendo de mi hotel. Dudo entre tomar el metro en Paveletskaya o un taxi. Pero, ¿cómo le explico al taxista la dirección del bar donde mi amiga me citó? Ni siquiera yo lo conocía. Mi amiga, para ponernos en contexto, me escribió cuando vio mi publicación en Facebook. En esa publicación, me quejaba de mi ropa, que poco servía para enfrentar el frío del inicio de la primavera rusa. Quedamos en encontrarnos. Como quien dice que se encuentre en Unicentro, me citó en su bar favorito, no muy lejos del Teatro Bolshoi.


Recuerdos de Malta


Pero, ¿qué hacía yo decidiendo mi medio de transporte en una fría noche primaveral en Moscú? ¿De dónde había salido una amiga rusa? Todo nos remonta a noviembre de 2010, cuando decidí viajar a Malta por unos meses para mejorar mi nivel de inglés. Allí conocí a Daria, a quien llamábamos Dasha. Tal vez por no entender bien la pronunciación de su nombre verdadero. Fue compañera de clases. Nos reíamos de mi dieta de pizza, kebab y lasaña. También íbamos a Paceville. Moscú apareció como un destino emergente en unas vacaciones de 2016, es decir, cinco años y algunos meses después de aquella ida a Malta.


De hecho, este encuentro en Moscú cerró con un mensaje de despedida en Facebook. Decía algo así como “Me encantó verte, parecía como si nos hubiéramos visto hace unos meses y no hace cinco años.” No era el primero que tenía con mis amigos de Malta. Algunos años atrás, visité París y San Petersburgo. En esos casos, fui explícitamente a encontrarme con otras amigas de esos meses malteses. Ellas me invitaron a visitar las ciudades donde residían.


La importancia de las conexiones


Al final, eso es lo más valioso de esos meses en Malta: Más allá de aprender y practicar el inglés, que lo hice, me permitió ver el mundo con otros ojos. Recuerdo con nostalgia la caminata desde el hotel donde me alojaba hasta mi escuela. Era un delicioso frío del invierno maltés, con el Mediterráneo de fondo. Caminaba entre callejones llenos de las típicas casas maltesas. También recuerdo las conversaciones con personas de lugares tan distantes como Corea, Irak o Rusia. Compartíamos visiones sobre la vida, nuestros países y costumbres. Aprendíamos sobre los lugares de los que veníamos. Así, los conocíamos de primera mano, evitando prejuicios.


Rascacielos iluminados durante una noche en Moscú.
Malta | EUROPA

Ese viaje a Malta amplió mis horizontes. Me dejó amigos de todas partes del mundo. Me dio excusas para seguir viajando. Me llenó de anécdotas y aprendizajes. Se convirtió en uno de mis recuerdos favoritos. Y claro, al tiempo, mejoré mi nivel de inglés. Por eso estoy parado en la calle Bakhrushin, muriéndome del frío, pero también de la ansiedad de ver a mi amiga rusa, cinco años después de la última vez que la vi.

La decisión final


Finalmente, decidí caminar cinco cuadras hasta Paveletskaya. Tomé la línea circular y llegué al bar. Quería disfrutar de un cóctel raro y hablar con mi amiga y sus amigas, como si nos conociéramos de toda la vida. Como si no hubieran pasado cinco años. Al terminar la noche, decidí tomar un taxi. Se hicieron realidad todos mis medios. No reparé en que en Moscú hay más de un hotel IBIS. El taxista me llevó al primero que su GPS indicó, que claramente no era el mío. Pero eso será tema de otra historia…


Reflexiones sobre estudiar en el extranjero


Estudiar en el extranjero no solo es aprender un idioma. Es una experiencia que transforma vidas. Te abre la mente y el corazón. Te permite conocer nuevas culturas y hacer amigos de todo el mundo. Cada viaje es una oportunidad para crecer y aprender. Si tienes la oportunidad, ¡no dudes en aprovecharla! La vida es corta y el mundo es vasto.


Conclusión


Así que, si estás pensando en estudiar en el extranjero, ¡hazlo! No te arrepentirás. Cada experiencia cuenta. Cada amigo que haces, cada lugar que visitas, te deja una huella. Recuerda que el aprendizaje no solo ocurre en el aula. Ocurre en cada conversación, en cada risa compartida. ¡Atrévete a dar el paso!


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Daniel Díaz | Escritor y Blogger Invitado


+ Viajes con Historias Blog Hecho por seres humanos y NO Robots

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